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Resultados I Concurso de Microrrelatos

Una vez finalizado nuestro primer concurso de microrrelatos, queremos agradecer de manera especial la participación de todos los escritores que se presentaron.

Para nosotros, la cultura siempre va unida a nuestra marca y esperamos seguir realizando acciones para promoverla. Han sido cerca de cien textos los que han llegado hasta nosotros en el último mes. Resultó muy dificil determinar a los ganadores, ya que el nivel demostrado ha sido mucho más alto de lo que se esperaba en un principio.

El origen, sí, lo ponemos nosotros, pero con estos relatos, nuestra cerveza ya es un poco vuestra. Os invitamos a todos a seguir escribiendo ¡Enhorabuena!

Microrrelato ganador

«Nautupi» de Ánzoni Martín

Los muertos llegaron en masa a la playa. Cuerpos tumefactos, teñidos de muerte purpúrea, fueron arrastrados por las olas hasta arribar a la arena ante la mirada indiferente de los bañistas de Nakupenda. Aquellos náufragos inertes  se amontonaban en la orilla sin guardar la distancia de seguridad legal ni usar mascarilla.

Todos eran de procedencia europea, pero debíamos agruparlos por nacionalidades para establecer un control estadístico. Aquí, en Tanzania, el origen lo ponemos nosotros, a nuestra manera,  atendiendo a sus rasgos faciales y a la constitución. Nos dejamos guiar por el nautupi, el susurro de los dioses, una intuición especial heredada de nuestros más sabios ancestros. Relleno otra ficha. Este último debe ser español, ha llegado con un botellín en la mano.

Mejor relato abulense​

«Cervezamancia» de Maria Eugenia Hernández Grande

Al igual que unos predicen el futuro en los posos del café, un día descubrí que yo tenía la habilidad de leer los restos de la cerveza. Mejor en vaso de caña que en pinta; más fácil en tercio que en botellín por la anchura del culo de la botella; más interesante si el lúpulo provenía de una rubia que tener que adivinar las andanzas de una negra fermentada. Me hice famoso en todos los garitos con una adecuada estrategia de marketing y un rótulo en neón rosa que hizo mi amigo “Chapas” y que colocaba a mi vera en la barra del bar de turno. “El origen lo ponemos nosotros”, rezaba el susodicho anzuelo del que me valía para atraer a mi clientela. Aunque todo tenía truco, con una cerveza en mano todos los tertulianos me contaban sus penas, yo sólo tenía que decirles lo que necesitaban escuchar.